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¿Cómo encontramos un planeta antes de verlo?

¿Cómo encontramos un planeta antes de verlo?

Neptuno está tan lejos que no se ve a simple vista. Aun así, en 1846 lo encontraron casi exactamente donde un matemático había calculado de antemano. ¿Cómo se encuentra un planeta haciendo cuentas?

La gravedad atrae todo hacia todo

Dos cuerpos cualesquiera se atraen, y cuanto más pesados y más cerca están, con más fuerza. Los planetas avanzan y, sin el Sol, saldrían volando en línea recta. Pero el Sol tira de ellos todo el tiempo, y por eso dan vueltas a su alrededor.

Con la gravedad se calcula la órbita

Isaac Newton describió cómo funcionan la gravedad y el movimiento. Si sabes dónde está un planeta y a qué velocidad va, sus leyes te dicen dónde estará mañana, dentro de un año o dentro de cien. Con ellas los astrónomos hacían tablas de dónde estaría cada planeta en el cielo.

Los planetas también tiran unos de otros

De un planeta no tira solo el Sol: también tiran, más débilmente, los demás planetas, sobre todo los gigantes Júpiter y Saturno. Por eso su órbita se curva un poco y el cálculo es más difícil, pero se puede hacer.

Urano no va donde debe

En 1781 William Herschel descubrió con su telescopio un planeta nuevo, Urano. En pocas décadas se vio que no iba adonde decía el cálculo, ni siquiera teniendo en cuenta a Júpiter y Saturno. La diferencia era mucho menor que la Luna en el cielo, pero el cálculo no debía fallar tanto.

Algo tira de él

Hasta 1822 Urano iba por delante del cálculo y luego empezó a retrasarse. Justo así se comportaría si más lejos del Sol orbitara otro planeta más lento. Mientras Urano lo alcanzaba, ese planeta tiraba de él hacia delante, y cuando lo adelantó, tiraba de él hacia atrás.

Cálculos en lugar de telescopio

El matemático francés Urbain Le Verrier buscó dónde tendría que estar un planeta desconocido para tirar de Urano exactamente así. Calculó a mano durante casi un año. En agosto de 1846 señaló un punto del cielo al que bastaba con apuntar un telescopio.

Encontrado en una sola noche

Johann Galle, del observatorio de Berlín, recibió la carta de Le Verrier el 23 de septiembre de 1846 y esa misma noche apuntó el telescopio al punto calculado. A unos dos diámetros lunares de allí encontró una «estrella» que no estaba en el mapa. Las estrellas no se mueven, pero esta se había desplazado a la noche siguiente: era un planeta, Neptuno.

El planeta que no existía

La órbita de Mercurio tampoco cuadraba con el cálculo. La órbita entera gira alrededor del Sol algo más deprisa de lo que debería. Por eso Le Verrier predijo un planeta, Vulcano, todavía más cerca del Sol, pero nadie lo encontró nunca. Hizo falta Einstein para demostrar que las leyes de Newton no son del todo exactas y que eso se nota sobre todo cerca del Sol, donde la gravedad es más fuerte.

Entonces, ¿cómo encontramos Neptuno?

Las leyes de Newton dicen dónde estarán los planetas. Cuando Urano no siguió el cálculo, Le Verrier calculó a partir de la diferencia dónde tenía que estar el planeta que tiraba de él. Luego el telescopio lo encontró casi exactamente allí.